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| Sal Salis, una propuesta de ensueño | |
| Por Lucía Ferrer | |
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La experiencia consiste en un safari de cinco días que combina a la perfección la vida natural en el entorno salvaje del Parque Nacional –con sus maravillosas playas y su fauna– y las sofisticadas propuestas culinarias del chef Peter Evans.
Cada día, los huéspedes pescan su propia cena, en compañía de Evans, utilizando diferentes técnicas según sea la especie buscada: trucha local, emperador, caballa o pargo. 500 especies de peces, 600 de moluscos –algunos jamás vistos en el mundo occidental- y 250 tipos de coral, se presentan ante los ojos del espectador en el arrecife situado a sólo 100 metros de la costa. Se trata de verdaderas lecciones de naturalismo y pesca en acción en la barrera de coral de Ningaloo. Este aprendizaje se combina con clases prácticas de cocina, en las que se aprenden las técnicas para la limpieza del pescado y distintas recetas. La cena diaria es una auténtica fiesta para los sentidos, guiada por el interminable y curioso recetario de Peter Evans. |
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Tras la cena, el espectáculo lo pondrá el cielo. La región es conocida por ser uno de los mejores lugares del mundo para ver la Vía Láctea. Echado en una hamaca, junto a la tienda –o en compañía del guía, que señalará las constelaciones–, el huésped podrá disfrutar de una inolvidable digestión en compañía de millones de estrellas.
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El área litoral de Ningaloo –de 260 kilómetros de longitud y donde se encuentra el mayor arrecife de coral de Australia–, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 2011. Es famosa por las poblaciones de los pacíficos tiburones-ballena, que se alimentan en sus aguas durante los meses de marzo a junio –en un punto de una de las rutas migratorias utilizada por delfines, rayas, ballenas y tortugas en los meses de invierno–, y por las anidaciones de la tortuga boba, la tortuga caguma y la carey. La experiencia organizada para contemplar desde el agua a los tiburones-ballena se inicia en un barco de 20 metros de eslora –el “Latitude 22”–, el cual navega hacia las zonas del arrecife donde están presentes los tiburones-ballena, área previamente localizada desde el aire por un avión spotter. Una vez en la zona, la prioridad es bucear tanto tiempo como sea posible para contemplar a los tiburones-ballena.
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